Monday, May 22, 2006

S/T

Sobre "Ana y los otros", de Celina Murga

Quiero comenzar con la frase que mi amiga Clara dijo una vez terminada esta película:"Yo apoyo al cine nacional, pero no soy condescendiente".
Ana es una chica común, del montón, ni fu ni fa. O eso quiere ser, parece. Ana llega a Paraná, Entre Ríos. Es de ahí, pero ahora vive en Buenos Aires. La vemos leer el diario, tomar sol sobre una toalla en la arena al lado del río. Laaaargas tomas soleadas. Tiene algunos diálogos con gente que recién se aprendió el versito que tenía que decir en cámara y le sale un poco declamado. Parece que todas las conversaciones tenían que ser intrascendentes, aunque uno ve ahí algo en común: planes, novios, chismes acerca de antiguos compañeros de la escuela secundaria. Había que fabricar "Charla de pueblo". Ana se sigue encontrando con personajes que dicen sus diálogos como chicos de seis años frente a la maestra buena. Uno le confiesa, en ese mismo tono, que estaba medio enamorado de ella allá por las épocas del viaje de estudios. Ella le revisa el bolso cuando él se va a buscar café y encuentra la dirección de Mariano Garrido, antiguo novio del secundario a quien está buscando. Sabemos porque ha preguntado o hecho referencia a él en repetidas ocasiones. Se escribe la dirección en la mano. Es en Victoria, Entre Ríos. Un poco después hay un didáctico momento en el cual se explica la acción del río Paraná en sus costas y los trabajos de recuperación del antiguo puerto. Ana cuenta una anécdota sobre un desmayo. Por fin, Ana se encuentra con un chico de siete u ocho años que le habla como el mejor alumno que sabe recitar bien la lección para su maestra buena, pero como es un niño toda la platea se ríe mientras hablan de la chica que le gusta al niño. El niño es vecino de Mariano Garrido, que vive en Victoria Entre Ríos. Ana se ha ido hasta allá en el auto, y hemos visto largas tomas de su rostro soleado e inexpresivo mientras viajábamos en el auto con ella. Mariano Garrido no está en su casa. Lo va a buscar al trabajo. Tampoco está en el trabajo, pero le dan el celular. Llama al celular. La casilla está llena, así que ni mensaje le puede dejar. Pero cuando estamos perdiendo las esperanzas, Mariano Garrido pasa en su auto y es reconocido por el niño. Ana y el niño siguen a Mariano Garrido hasta su trabajo, lo esperan y finalmente lo siguen hasta su casa. El niño se va. Ana espera un rato en la plaza frente a la casa de Mariano Garrido. Luego cruza, pero nos deja en la plaza. La vemos alejarse, tocar la puerta, le abren, entra. La puerta se cierra y ahí termina todo. Nosotros todavía estamos lejos, en la plaza. Nunca vemos a Mariano Garrido de cerca. Ni siquiera figura en los créditos. Es entonces cuando mi amiga Clara me dice: "Yo apoyo al cine nacional, pero no soy condescendiente". "Yo tampoco" le contesto.

por Elisa F.

2 Comments:

Blogger i.p.n. said...

Bueno bueno bueno, cuando recibí el mensajito de "Ana y los otros: UN MOCO" fui a comprar una tarjeta para decirte "LO SABIAMOS LO SABIAMOS". Es que una peli que no puede juntar cuatro tomas bien actuadas es de dudar che! mirá que los trailers nos hacen comer cada cosa... y bueno, sigamos cruzando los dedos para que la Lucrecia Martel nos deleite en breve con alguna de sus miradas.

Seba

Tue May 23, 08:08:00 AM 2006  
Anonymous Anonymous said...

La verdad es que conocer o no a Mariano Garrido, al final de la peli, da lo mismo...sentí como si hubiese estado sentada en el cine hace treinta años, mirando una peli hecha "en casa", cuando no estaba de moda hacer pelis de ese modo....una lástima, habiendo tantas historias para filmar, gastar celuloide (aquí se nota mi edad!)en tanta nada....

Wed May 24, 07:10:00 AM 2006  

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